Ahora que estamos en plena fiebre Obama y más que nada por llevar la contraria, vamos a proceder a la presentación y de paso a la disección para todos ustedes, amados lectores, de un descubrimiento que podría llegar a alcanzar singular importancia. Un peligroso virus que me ha dado por clasificar como VNA o 'Virus del Negacionismo Antiamericano'. Un virus que, pese a lo que pueda parecer en éstos tiempos de
furor obamista, recorre Europa desde siempre y, en mi humilde y tantas veces inconexa opinión, está en la raíz de los males históricos de España, de Europa y, si me apuran, de medio mundo.
Quiero decir que si no lo padeciéramos quizás como que nos iría mejor. O dicho de otro modo: de no estar contagiados históricamente por ese mal podría habernos dado por estudiar más el milagro histórico de la construcción de los Estados Unidos. De haberlo hecho, otro gallo hubiera cantado en nuestra historia. Pero por el contrario, tal parece como que los habitantes del resto del planeta y sobre todo los europeos nos hubiéramos empeñado en decir: "¿Ah, sí? ¿que nos van a dar lecciones esos americanos? Pues de eso nada. Cualquier cosa, por disparatada que resulte, antes que imitar a esos horteras".
La cosa viene de muy lejos. Una prueba, o al menos un indicio, de la antigua y a la vez persistente presencia del VNA y sus extraños y terribles efectos puede ser la siguiente: Los colegios de toda Europa siguen enseñando a nuestros escolares que la Edad Contemporánea comienza en 1789 con la Revolución Francesa. Ya saben, Robespierre, Murat, el invento de Monsieur Guillotin, gran avance tecnológico, etc. Cuando en realidad la citada revolución se inspiró en la Revolución Americana -o sea, la guerra de la independencia de las colonias inglesas en Norteamérica- que dió lugar al primer sistema liberal y democrático de la historia. Y lo hizo de manera perdurable, extendiendo durante trescientos años sus benéficos efectos entre la población afectada, o sea, la norteamericana. Pero nada, aquí, dale que te pego con la Revolución Francesa como hito de la contemporaneidad.
¿Porqué ese empeño en negar la evidencia? Después de darle vueltas al asunto, he llegado a la conclusión de que tal tozudísima e irracional actitud sólo puede explicarse como una patología ampliamente extendida en nuestras sociedades. Porque después de mucho meditar, servidor ha llegado a la conclusión de que la desconcertante historia europea de los últimos cien o doscientos años -y ya puestos, del resto del mundo- tiene su origen en una especie de desequilibrio de la personalidad colectiva que nos lleva a resistirnos a aceptar una idea bien simple: los americanos llevan casi doscientos años haciendolo todo mejor que nosotros. ¿Porqué no les imitamos en algo más que en las modas? Por ejemplo, en el modelo político y de convivencia. Pues muy sencillo: porque estamos contagiados por un virus que nos alela, nos aliena, conviertiéndonos en unos eurocéntricos incurables. Ese virus, channnn, es el VNA, o 'Virus del Negacionismo Antiamericano'.
Desarrollaré en sucesivos y apasionantes capítulos algunas de las características y efectos de éste pernicioso organismo catalogados por quien les habla tras años y años de nula pero intensa reflexión.
Continuará...
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